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Hace una semana, como regalo anticipado de cumpleaños, mi esposo me invitó a Granada, un destino realmente fascinante. La ciudad encierra en cada uno de sus rincones siglos de historia y tradiciones; sus calles están repletas de exóticos paraísos gastronómicos que invitan a probar toda suerte de platillos de marcada influencia marroquí; y sus habitantes -andaluces tenían que ser- son increíblemente corteses y cercanos, al punto de que no es difícil sentirse como en casa.

Confieso que antes de ir a Granada pensaba que lo único realmente importante era La Alhambra; pero una vez allí, me di cuenta de que hay decenas de lugares encantadores que me gustaría compartir.
Voy a comenzar por el hotel. Nos alojamos en el Macià Real de la Alhambra, un hotel de moderno diseño que está a 5 minutos en coche de La Alhambra, pero que al mismo tiempo se encuentra muy bien comunicado con el centro de la ciudad. Las habitaciones son amplias, el aseo es impecable, y los desayunos copiosos.
La ciudad se puede recorrer en un día, pero eso sí, deben ir preparados para una larga caminata. Hay muchos sitios que merece la pena visitar, pero en particular los Jardines del Triunfo; el Monasterio de San Jerónimo; el mercado Alcaicería; y el Corral del Carbón, uno de los edificios más antiguos, construido antes de 1330. También en el centro están la Catedral, y la avenida Reyes Católicos, repleta de tiendas y bares, y en cuyos alrededores se puede medir el pulso de la ciudad. Un poco más hacia la montaña se encuentra el Albaicín, un barrio típico de la región, con sus calles empedradas, sus restaurantes, bares y mercadillos. En este último es, precisamente, donde quedan la calle Calderería Nueva o Calle de las Teterías, un verdadero rincón moro enclavado en Granada(en la foto); el Mirador de San Nicolás (primera imagen del post), perfecto para ir al atardecer y ver al sol ocultarse tras La Alhambra; y el Sacromonte, con unas bonitas vistas y una abadía antigua muy hermosa.
En cuanto a la comida, no puedo dejar de hablar del Bar Kiki, que resultó ser toda un sorpresa. Ubicado en el Mirador de San Nicolás, cuenta con una vista envidiable. Allí probamos el mejor revuelto de setas y gambas que hemos comido en España, y un paté de foie con salsa de naranjas, almendras y pasas que estaba delicioso.
El último día se lo dedicamos a La Alhambra. Aunque todo está dicho sobre este increíble recodo granadino, nada es comparable a la sensación de estar allí. Sus jardines son realmente sorprendentes, y la posibilidad de caminar justo sobre el salón donde se cree que Cristóbal Colón negoció el viaje a América con la Reina Isabel La Católica, es indescriptible. Por muy cansados que estén no dejen de visitar el Generalife (en la foto), pues sus vistas y sus increíbles jardines los dejarán sin aliento.